- Hablar a los hijos
cotidianamente: ¿Cuál es la edad para hablar de algo al
hijo? Esta pregunta generalmente es contestada de acuerdo con el
conocimiento popular que más o menos implica que se le debe hablar de
algo al hijo hasta que “tenga la edad pertinente”. ¿Y cuál es ésta? A
su vez el conocimiento popular señala: “cuando tenga conocimiento” o bien
“cuando el hijo tenga uso de razón”. Ahora las preguntas son: ¿y cómo
tendrá conocimiento si no se le ha hablado de ello? Y por otro lado,
¿cómo determinan los padres que su hijo ya tiene uso de la razón? Si
estamos hablando de un niño que tenga 10 meses, puede creerse que a
esa edad sólo se le puede o se le debe hablar con vocablos aislados
(“¿agua?”, “gato”, “mamá”, “galleta”, etc.) o con frases muy cortas
(“¿Quieres agua?”, “¡Mira un gato!”, “Ahí viene mamá”, “¿Una
galleta?”), pues las prácticas familiares en este caso, como en muchos
otros, se basan en el conocimiento popular, por observación de otras
familias, consejos de familiares, entre otras pero generalmente no
son fundadas en el conocimiento de evidencias o formulaciones de la
psicología.
Por lo tanto, de acuerdo con lo
considerado en la sección anterior, se recomienda hablarle al hijo de lo que
sea, cuidando que las expresiones que se empleen sean las usuales a excepción
de algunos vocablos que son centrales del tema en cuestión.
Por ejemplo,
si una madre le cuenta a su pequeño hijo de 18 meses lo que hizo el padre en el
trabajo ese día, puede decirle que “estuvo recibiendo muchas cajas que llegaron
a la tienda en la que trabaja”. En este caso pueden considerarse varios
vocablos: cajas, tienda y trabaja y que muy posiblemente el hijo los desconozca
dado que, hasta ese momento, no habían sido usuales en el habla con su hijo en
casa. Si ése fuera el caso, la madre selecciona sólo la palabra cajas pues en
la casa hay cajas, la tienda está fuera del ámbito ordinario del hijo y
“trabaja” es un vocablo que puede usarse para referirse a demasiadas
actividades. Hecha la selección, puede decirle a su hijo que en casa también
tienen cajas y enseguida lo lleva a su cuarto y le empieza a mostrar y señalar
todas las cajas que haya, repitiendo siempre la palabra caja ya sea en
plural o en singular.
RECOMENDACIONES:
1.-
Los padres pueden escribir en una lista especial las nuevas palabras que
se vayan empleando e incorporarlas a su habla usual diaria. Esto es muy útil
porque si quien hizo la anotación fue la madre, el padre puede ver la lista y
emplearlas también cuando esté con su hijo. Esta práctica por sí sola ayudará e
incrementar el vocabulario del hijo aproximadamente con mil palabras al año, de
manera que si se hace habitualmente, cuando ingrese a la primaria el hijo
tendrá un vocabulario cercano a las cinco mil palabras, aproximadamente.
2.-En esta
edad se seleccionen aquellas palabras de los objetos y lugares de uso frecuente
en casa: sartén, mesa, cajón, cuna, jabón, baño, cuarto, comedor, cocina, por
ejemplo. Sabemos que los padres dicen estas palabras, pero la diferencia es que
en este caso los padres le ponen atención a la palabra, se la dicen
frecuentemente a su hijo además de que la emplean ex profeso, esto es, se
realiza la enseñanza directa de los vocablos.
- Platique
refriéndose a causalidades: En la plática cotidiana es
importante incluir expresiones como: en consecuencia, por lo tanto, debido
a ello, porque, derivado de lo anterior, por tal motivo, entre otras. Como
se aprecia, todas ellas denotan cierto tipo de causalidad.
Por ejemplo, considere las siguientes proposiciones.
1) Si le pegaste accidentalmente a tu amigo, en consecuencia dile que
fue sin querer.
2) Ya terminó el programa de televisión, por lo tanto, apágala.3) Tu
hermano llegó temprano a la escuela todos los días, debido a ello su maestra lo
felicitó
4) ¿No estabas feliz porque encontraste tu pelota?
5) El perro estaba cansado de tanto correr, derivado de ello pudiste
alcanzarlo
6) Hace días comiste muchas galletas y por tal motivo te dolió el
estómago.
Haga el
ejercicio de leer todas esas expresiones, cambiando en cada ocasión la
expresión. Todas pueden arreglarse fácilmente. A manera de ejemplo, se hace el
ejercicio con la primera proposición manteniendo la expresión “en
consecuencia”.
Entonces se
podría decir:
1) ya terminó el programa de televisión, en consecuencia, apágala
2) tu hermano llegó temprano a la escuela todos los días, en consecuencia
su maestra lo felicitó;3) ¿no estabas feliz como consecuencia de que
encontraste tu pelota?
4) el perro estaba cansado de tanto correr, en consecuencia pudiste
alcanzarlo
5) hace días comiste muchas galletas y en consecuencia te dolió el
estómago.
Como se
puede verificar, el sentido no cambia y por ello todas las expresiones anotadas
pueden servir como sinónimos para denotar una relación de causalidad. Lo
importante es que todas sean platicadas con el hijo.
- Describa
secuencias (sucesiones): Otra habilidad que también es importante y puede
enseñarse mediante el habla consiste en que los padres le platiquen al
hijo la secuencia de acciones que pueden referirse a criterios
cronológicos, usuales o lógicos.
El primer
caso ocurre cuando los padres le cuentan a su hijo lo que hicieron durante el
día y en dicha descripción hacen énfasis en los términos: luego, después,
entonces, más tarde, enseguida, posteriormente. Dado el desarrollo
psicológico del hijo, deben evitarse las descripciones en las que se emplee la
hora en que ocurrieron (a las ocho de la mañana te llevé a la escuela y las
nueve me fui al trabajo) atendiendo preferentemente a la secuencia que denotan
las palabras: “primero te llevé a la escuela, después me fui a
trabajar”.
La
segunda forma de descripción se refiere a los hábitos de la familia:
“lávate las manos y después comemos”, “haz la tarea y posteriormente puedes
salir a jugar”, “cuando te levantes te bañas y entonces desayunas”,
etc. En estos casos, no existe un factor de causalidad sino de secuencias
usuales para la familia. Un caso frecuente ocurre cuando el adulto o un libro
contienen instrucciones. Por ejemplo: “dibuja y platica sobre lo que observaste
en tu recorrido”, “primero dibuja el lugar favorito y después haz un croquis”,
“recorta los baúles de la página 153. Relaciona su contenido con la imagen y
pégalos donde corresponda”.
La última
forma en que pueden ocurrir las secuencias es el caso particular que se conoce
como series. En este caso, la secuencia puede o no ser arbitraria pero sigue un
orden. Por ejemplo, a la hora de poner los cubiertos en la mesa de izquierda a
derecha, se le dice al hijo: tenedor, cuchillo, cuchara; tenedor, cuchillo,
cuchara; tenedor, cuchillo. O bien cuando se iluminan cuadernos de trabajo
en los que se requiere que el lector dibuje una casa de un color alternado:
azul, rojo, azul, rojo, azul.
Esta
actividad puede realizarse en casa de múltiples formas, por ejemplo cuando se
sube una escalera: sube el pie, descánsalo, sube el otro pie al siguiente
escalón, descánsalo, sube el pie, descánsalo; cuando se juega algo entre dos
personas y existe un turno para hacerlo: tú, tu hermano, yo, tú, tu hermano,
yo, tú…; las luces del semáforo: verde, amarillo, rojo, verde, amarillo,
rojo, verde.
- Aluda a
la condicionalidad: Se refiere a que es necesario que ocurra en
primer lugar algo y ante eso, podrá ocurrir un segundo evento, lo cual es
diferente a la ocurrencia accidental. En general se denota mediante
distintas expresiones, como pueden ser: si… entonces; cuando… después; a
partir de…; entre otras.
Algunas expresiones que pueden ocurrir en casa son: “si suena el timbre entonces no abras la puerta”, “cuando vayamos al cine entonces te compro un dulce”, “a partir de que empiece el juego ya
no podemos hablar”, entre otras.
Muchas veces
la expresión “si…entonces” la decimos omitiendo el segundo término, pero es
importante decirlo inicialmente para que la expresión esté completa. Por
ejemplo: “si metes tu juguete, [entonces] puedes sacar otro”, “si estás en
silencio [entonces] terminarás de comer”. En otros casos, el “si” se
intercambia por otras palabras: “en caso de que hable tu papá, entonces le
dices que vamos a salir”; “siempre que sientas ganas de ir al baño, avísame”.
En estos casos es importante que los padres le expliquen
a su hijo que primero tiene que ocurrir algo para que suceda otra cosa, y que
lo segundo no puede ocurrir si no se presenta lo primero.
Psicológicamente,
este ejercicio es importante porque el hijo puede distinguir las secuencias
condicionales de las azarosas, ya que en este caso no está implicada la
condicionalidad, simplemente son ocurrencias de eventos fortuitos. Si se
cae un juguete al mismo tiempo que el niño voltea a verlo, no implica que
“si ve el juguete entonces se cae”. Si el niño camina hacia la cocina y cae
un rayo, es un error creer que “si camina hacia la cocina entonces cae
un rayo”. Este tipo de suposiciones puede ocurrirle a los niños (¡y
a adultos!) cuando existe lo que Skinner llamó conducta supersticiosa, y
algunos otros lo consideran como una especie de pensamiento mágico.
- Propiciar la inducción: Una buena práctica en este
sentido es el juego de las adivinanzas pues en ellas se dan algunas
características de algo o alguien y el hijo debe adivinar de qué se trata
en tanto se emplee un lenguaje figurado.
Por ejemplo:
“chiquitito como ratón y cuida la casa como un león” y “vuela sin alas, silba
sin boca y no se ve ni se toca”. O bien, en lenguaje coloquial si le dicen
dos o tres características de objetos o personas que él conoce y debe
decir qué o quién es. En otras palabras, esta práctica consiste en que
el hijo escuche las partes de algo (aspectos definitorios) y
averigüe por sí solo cuál es el todo. Los objetos (por ejemplo: zapatos,
silla, cuchara, crayola, juguete favorito) o lugares (por ejemplo: cuarto,baño,
comedor, cocina, parque, escuela, salón), preferentemente deben ser
aquellos con los que él está familiarizado.
- Contar
cuentos: Esta actividad es muy frecuente y puede
aprovecharse en varios sentidos muchas veces pasados por alto.
El primero de ellos es
que el hijo, aunque no sepa leer, vaya identificando que el texto tiene
relación con la ilustración y viceversa.
Esto le será muy útil cuando en los textos aparezcan no sólo ilustraciones
directas (personas, lugares, objetos, etc.) sino cuando haya diagramas, cuadros
sinópticos y tablas, entre otras. Cuando la ilustración es directa, se puede
recalcar que la misma no es del tamaño que realmente tiene lo que se ilustra:
ningún libro tiene el volumen necesario para que dentro de él esté un elefante,
una aldea y un bosque. O en otro caso, si existieran hormigas, ratones y
mariposas del tamaño con el que pueden aparecer en los libros, sería distinto
lo que hacemos con ellos.
Un segundo aspecto que
contribuye al desarrollo del hijo es que, ante una ilustración estática, él la
vea como si estuviera en movimiento.
Tal es el caso de un tren en marcha, un niño
corriendo, un pájaro cantando, una bruja volando o un chango brincando entre
las ramas de los árboles. “Ver el movimiento” tomando en cuenta la
posición del cuerpo o partes de él y gracias a las simulaciones escritas de movimiento. Por ejemplo, cuando se pintan algunas líneas pequeñas detrás del personaje para dar idea de que va corriendo o bien cuando a partir de la boca u hocico se pintan líneas cuya pendiente va descendiendo, dando ideas de que habla, grita, ruge, etcétera.
posición del cuerpo o partes de él y gracias a las simulaciones escritas de movimiento. Por ejemplo, cuando se pintan algunas líneas pequeñas detrás del personaje para dar idea de que va corriendo o bien cuando a partir de la boca u hocico se pintan líneas cuya pendiente va descendiendo, dando ideas de que habla, grita, ruge, etcétera.
Aunque los elementos antes destacados pueden ayudar a incrementar el
vocabulario del hijo, el tercer aspecto puede considerarse central para
esto.
Vocabulario que en general
se emplea en los cuentos.
Los autores no necesariamente están considerando la edad de los niños a los que está dirigido el cuento y esto es notable cuando en los textos leemos: “una princesa de verdad, de esas de sangre azul”; “siete peces voladores vuelan sobre el mar sonoro”; “Elizabeth tomó el aldabón y llamó de nuevo”; “el que hubiera emprendido la búsqueda quedará convertido en piedra”; “la noche se sintió triste por quedarse siempre oscura”. En los extractos anteriores se aprecia tanto el lenguaje figurado (sangre azul, sentirse triste) como vocablos que no son de uso frecuente (aldabón, hubiera emprendido). En ambos casos los padres deben parafrasear las expresiones y vocablos mediante lenguaje usual, pero es importante que no las omitan o cambien durante la lectura pues es ésta la oportunidad de incrementar el lenguaje e impulsar el empleo del lenguaje figurado que se usa en muchas frases cotidianas (no juegues, me estás cotorreando; llegó de volada; a lo mejor es chicle y pega; estaba como gato contra la pared; me muero de sueño; etcétera).








Lo tomaré en cuenta para compartirlo con mis demás colegas, felicitaciones.
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
EliminarInformación muy concreta e interesante
ResponderEliminarEspero haya sido de gran importancia, ¡Gracias!
EliminarEs importante que los niños no solo se comuniquen en la escuela, sino también en casa.
ResponderEliminarEl hogar es de donde se parte la buena comunicación, ¡Gracias!
EliminarTodos los padres deberían impulsar el aprendizaje de su hijo desde casa de esta manera será más efectivo el mismo en la escuela
ResponderEliminarAsí es, el padre de familia es de gran importancia para el mejor desarrollo escolar, debemos de fomentar uno como docente la motivación llevada desde sus hogares con ayuda de los padres, ¡Saludos!.
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